lunes, 22 de marzo de 2010

UN REJÓN DE MUERTE A LA DEMOCRACIA



En una ocasión leí: “Las mayores infracciones a las reglas morales, las más profundas y las más perniciosas por más visibles, han sido siempre cometidas por quienes ocupan el pedestal de las estatuas: papas, obispos, emperadores, reyes. La historia se mueve así desnuda entre velos espesos” (del libro: “El pedestal de las estatuas” de Antonio Gala).

A esta más que discutida frase, pero no por ello menos rotunda, había que añadirle algún que otro personaje más como: presidentes y ex presidentes de gobiernos.

En nuestra larga historia, en España es algo de lo que no nos podemos quejar, personajes de esta índole aparecen por doquier y, actualmente sin ir más lejos, en este variado mercado de abastos político del que disfrutamos, y en el que se compra y vende todo tipo de voluntades, no nos falta especímenes que pueden encajar perfectamente en el tipo de personaje a que Antonio Gala hace referencia en su libro.

Uno de nuestros ejemplos más gloriosos lo representa el insigne señor Aznar, quien con su dedo corazón alzado al aire (el diría a la inmensidad del espacio estelar) no sólo demostró su catadura moral sino que, más grave aún, intentó clavar “un rejón de muerte a la democracia”. Esto sucedió el día 18 de febrero de 2010 en un acto que tuvo lugar en la Universidad de Oviedo, y fue su respuesta “democrática” a un grupo de jóvenes que lo increpaban. ¡Joder! A mí no me rechista ni Dios, bueno… a no ser que se haya reencarnado en Buss – debió de pensar nuestro ilustre personaje-

En mentideros políticos y otros corrillos se rumoreaba, siendo él presidente del gobierno, y se sigue rumoreando, que la relación entre el rey Juan Carlos y él no era muy buena. ¿Pero alguien duda aún de esto? Es una verdad como un templo, por el simple hecho de que aquí como en tantas otras cosas Dios intercambió erróneamente los papeles. Imperdonable, que diría Mr. Aznar. ¿Pruebas? Queremos más prueba, del déspota rey que lleva dentro, que ese irreverente dedo alzado, por no hablar de la famosa boda en el Escorial.

Señor Aznar, ese es el ejemplo que usted está dando a sus jóvenes seguidores. Usted que es de los más acérrimos detractores de la sagrada libertad de expresión. Usted, que pretendió ser palanca, de no sé qué tipo, de reformas sociales y a lo máximo que llegó es a ser una mala muleta del presidente de los Estados Unidos. Usted que fue el generador de la gran mentira económica en la que estuvimos inmersos durante tantos años, y que por cierto el PSOE no sabe gestionar adecuadamente –no eximo al gobierno actual de su parte de responsabilidad- . Usted que nos metió en esa incruenta guerra contra Irak, con mentiras y patrañas. Usted que …. Si sigo me puedo perder y no lo deseo.

Mire señor Aznar, con todo el respeto que me merece usted como persona y como ex presidente de todos los españoles -vocablo que no parece que forme parte de su acervo cultural-, su altanería y actitud chulesca hace tiempo que dejó de ser preocupante para convertirse en una vergonzosa realidad. Porque usted señor Aznar forma parte de esa “elite” que nunca ha sabido escuchar, que sólo sabe hablar y lo suele hacer a destiempo y con muy malas formas, vamos con mala leche, como decimos en mi pueblo. Pero eso no importa, lo que a usted realmente le interesa es hacerse notar, exhibirse y si de camino, crea tensión o una situación de incendio social, mucho mejor; porque usted es el portador de la “manguera divina”.

Cuando la gente como usted reconozca que no ha sido ni Zapatero ni ningún otro, quien más daño le ha hecho a España en menos tiempo; cuando en usted se atisbe una pequeña sombra de humildad, cuando usted reconozca haber sido nuestro último caballo de Atila y sobre todo cuando usted sea capaz de afrontar la realidad con la gallardía y buen hacer de Rosa Díez, en una situación similar a la suya en la Universidad Autónoma de Barcelona el día 5 de marzo, entonces dormiremos todos un poco más tranquilo.

Para acabar, decirle únicamente que, aunque lo pretendiera, su dedo al aire no fue ese rejón de fuego y muerte a la democracia, sino simple y llanamente una molesta esquirla en el culo de todos los españoles y un brutal ataque de hemorroides para el señor Rajoy.

Porque usted señor Aznar es sobre todo una mosca cojonera. Y es eso precisamente lo que más le jode, ya que como el buen perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Hasta luego.

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