martes, 6 de octubre de 2015

UNA CRUDA Y DOLOROSA EXPERIENCIA



Suficientemente traumático es el momento de la muerte como para que encima el afectado lo haga sufriendo. Inaceptable a todas luces desde mi óptica.

Es más que probable que esta afirmación levante alguna que otra ampolla, no obstante, desde mi más profundo respeto, como no podía ser de otra manera, para quines se sientan especialmente afectados, lo siento.  Es lo que pienso.

Se habla mucho de la dignidad a la hora de la muerte. Sinceramente no sé si existe algo de dignidad en este acto en sí, esto lo dejo para los expertos en bioética. Pero de lo que sí estoy seguro es que la dignidad se tiene y se ejerce a diario, en el día a día, en los actos más banales y en los más importantes de nuestra vida. La dignidad es algo innato al ser humano y nada ni nadie puede quitárselo. Se es digno como se es indigno: son las dos caras de una misma moneda.

Dejada esta premisa sentada, es inhumano que una persona viva sus últimos momentos (horas, días, semanas…), en un puro grito de dolor, en un estado de extremo sufrimiento. Esto es lo que no podemos ni debemos hacer. En un acto de supremo amor, debemos facilitar ese tránsito, haciéndole lo menos traumatico posible este último paso.

Entiendo que para muchas personas esto suene a aberración. Su código ético, su religión, sus creencias o simplemente sus miedos ancestrales así se lo dictan, pero también debemos ser lo suficientemente valientes como para que, en el ejercicio de nuestra libertad responsable (ellos y los que no pensamos como ellos), actuemos con coherencia dejando a un lado nuestro natural egoísmo.

De la misma manera que nadie nos pidió permiso para traernos aquí, para que viviéramos, nadie debería negarnos el permiso de partida cuando así lo exija la propia naturaleza. No deberíamos olvidar que cuando venimos al mundo lo hacemos con nuestra propia sombra: la muerte. No es algo ajeno al ser humano sino consustancial con él.

Siento (repito) si he herido sensibilidades, no era mi intención. Simplemente es una  reflexión en voz alta. De alguna manera deberían prepararnos desde nuestra más tierna infancia para este momento.

Hasta luego.

Paco Gil

Como siempre hay abajo más miseria que fraternidad arriba
Los miserables - Víctor Hugo -


1 comentario:

FRANCISCO LUIS GIL MUÑOZ dijo...

No entiendo mucho de bioética pero lo que si te puedo corroborar porque lo vivo desgraciadamente en primera persona y no pocas veces es que l@s pacientes no deben sufrir ni padecer en ningun momento y menos los días u horas previos a su fallecimiento.