miércoles, 6 de julio de 2016

CONVERSACIONES VALENTÍN FUSTER Y JOSÉ LUIS SAMPEDRO: "EN MI HAMBRE MANDO YO - LAS TRES PREMISAS DE LA FELICIDAD


LA CIENCIA Y LA VIDA. CUARTA PARTE

CONVERSACIONES: “VALENTÍN FUSTER” Y JOSÉ LUIS SAMPEDRO
CON OLGA LUCAS

VF.- Valentín Fuster
JLSP.- José Luís Sampedro.


EN MI HAMBRE MANDO YO

JLSP.- Respecto al tema de la dignidad, sobre todo en países económicamente débiles o de economía media, es un sentimiento muy arraigado, como lo es también el de la lealtad e integridad. Una anécdota que cito con frecuencia y que viene muy a cuenta con esto, es una historia narrada por Salvador de Madariaga en el prólogo de su libro España a principio de los años treinta.
            Como sabes, en el campo, los jornaleros tradicionalmente acuden a la plaza pública todas las mañanas a ver si los contratan en los cortijos, haciendas y plantaciones para una jornada, una peonada.
            Un día en un pueblo de Andalucía en periodo electoral de aquellos tiempos de la República, el capataz de un rico hacendado iba comprando votos y chantajeando a los jornaleros. Hasta que se encontró con uno que le tiró el dinero al suelo y le espetó: “En mi hambre mando yo”.

LAS TRES PREMISAS DE LA FELICIDAD

VF.- Se vive en un mundo tecnificado, acelerado, no hay tiempo para reflexionar fuera de la técnica, como si nos hubieran subido a un coche que va en una dirección indefinida y sin posibilidad de apearse. No existe reflexión.
            Definí una sociedad pasiva en el sentido de falta de actividad. De actividad física y de actividad, digamos, creativo-humanística que es lo que necesita la sociedad occidental. Insisto en la falta de reflexión porque solamente la reflexión puede ayudar, creo yo, a tener el tiempo suficiente para mentalmente poder salir de este engranaje y alcanza la interacción social.
            Se ha llegado a una interacción tal, que la gente, o bien está cansada y se va a dormir, o si no está cansada, se va a divertir. Y con esas conductas s está perdiendo algo fundamental: la efectividad en la sociedad, la activación mental creativa que requiere la reflexión.

JLSP.-Con esta precisión, ya se que hablas de pasividad en ese aspecto humanístico, comprensivo, psicológico, digamos creador, y de ninguna manera afirmas que la sociedad sea pasiva técnicamente hablando, sino todo lo contrario.

VF.- Nuestro sistema está hoy, esencialmente, en manos de los economistas. Del poder económico depende hoy hasta la ciencia; tú mejor que yo sabrás lo costosa que es la investigación. Los economistas interpretan la realidad en términos monetarios.
            Cada cultura tiene un referente general, el nuestro es el dinero. Los antiguos, los clásicos decían: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Hasta los dioses, con sus líos y sus historias, eran humanos. En el Medioevo la referencia fue Dios con la teología por encima de todo. Dios era la medida de todas las cosas: En cambio, en la Modernidad el dinero es la medida de todas las cosas. Un ejemplo que suelo poner mucho a mis alumnos es decirles: si el 25 de julio en Santiago de Compostela, en vez de dar indulgencias, dieran exenciones a la contribución sobre la renta no habría en España trenes suficientes para transportar peregrinos.
            Los tres inventos decisivos para el paso de la Edad Media a la Edad Moderna fueron la pólvora, la brújula y la imprenta. La pólvora permitió acabar con los castillos, con el feudalismo; la brújula permitió las grandes navegaciones, poder cruzar los océanos y la imprenta permitió la difusión de las ideas. Pues resulta que los chinos tenían esos tres inventos desde mucho antes, pero no usaban la pólvora para la guerra sino para fuegos artificiales. Para un chino batirse con un artefacto tan ordinario como la pólvora era un acto indigno de un ser humano. La brújula también la conocían pero no la usaban, porque  según su concepción de la vida, todo lo que necesitaban lo tenían dentro, ¿para qué salir? No sentían la menor necesidad de cruzar océanos para conquistar nuevos mundos. A ese propósito, hay una carta muy curiosa en el siglo XVIII, un rey Jorge de Inglaterra (no recuerdo si III o IV) en la que le anuncia la visita de un mandatario suyo al emperador de China por cuya embajada le envía unos regalos, le propone entrar en relaciones y le ofrece colaboración para cuanto pueda serle necesario. La respuesta del emperador fue: “China no necesita nada de nadie”. Es decir, con brújula y todo, vivían dentro de sus fronteras sin necesidad de conquista o integración en el resto del mundo.
            Y en cuanto a la imprenta, los chinos usaban unos bloques de madera para la impresión, pero el arte de la caligrafía les parecía algo muy superior y tan extraordinario que lo preferían mil veces a la tosquedad de la huella de los bloques.
            A nosotros, en cambio, la economía nos impone la rentabilidad, la productividad, la eficacia y a ella se sacrifica todo lo demás. Resumiendo, una de las enfermedades de esta sociedad, de la que se derivan muchas otras, es la hipereconomicidad, la economicidad exagerada.



Hay que ser lo bastante radical como para considerar todas las opciones, pero tener la suficiente prudencia como para elegir la correcta. 
(Más Platón y menos Prozac)

Hasta luego
Paco Gil (@PacoGilBarbate)

No hay comentarios: