Afirma José Antonio Marina en su libro La vacuna contra la insensatez, que "Las nuevas tecnologías no pretenden, como en la anterior Revolución Industrial, dominar la naturaleza, sino dominar la naturaleza humana". No seré yo quien contradiga al sabio, aunque sí es verdad que tengo mis dudas, y exponerlas aquí sería no sólo tedioso sino improcedente. Sin embargo a pesar de todo, en uno de esos momentos en los que aparecen de vez en cuando una pequeña luminaria cerebral, se me ocurrió narrar esta corta historia de ficción que, aprovechando el auge de las nuevas tecnologías no pretende ser otra cosa que eso, pura ficción.
No ha sido mi intención ser irreverente con nadie y muchísimo menos con los creyentes de profundas raíces cristianas. Esto es simplemente fruto de la calenturienta imaginación de un usuario en peligro, bueno, tampoco hay que pasarse, inmerso en esa entelequia digital que es el metaverso. Si alguien se siente ofendido, desde aquí mi más sinceras disculpas. Pero es que a veces, la verdad no es suficiente para cambiar las cosas.
La historia de los Reyes Magos en la actualidad, contada por un nativo digital de la generación Z (los nacidos entre 1990 y 2010), podría muy bien parecerse a la que aquí os relato.
«En un rincón luminoso del metaverso Infinito, donde los códigos fluyen como ríos de luz y las ciudades se elevan como torres de datos en el cielo digital, apareció una señal que pocos pudieron comprender: una estrella pixelada de 8 bits, radiante y única, flotando sobre el firmamento virtual.
No era un error.
No era un comportamiento inesperado de los sistemas digitales que regían el metaverso.
¡Era una llamada!
Los protocolos más antiguos del metaverso, esos que habían sido escritos en lenguajes olvidados, hablaban de un momento en que nacería un Avatar Supremo, el "Niño de Luz", destinado a restaurar el equilibrio entre todos los mundos virtuales y físicos.
En los confines de un servidor cuántico, donde los avatares adoptan formas etéreas y los datos fluyen como ríos de luz, se erigía el distrito de Belén. No un lugar físico, sino una simulación inmersiva, un nodo de memoria que recreaba un momento histórico. Los usuarios, "viajeros del tiempo digital", se reunían para presenciar un evento crucial: El nacimiento del niño profetizado mucho tiempo atrás por los avatares que lo manejaban a su antojo de forma asincrónica, el "Salvador de ese mundo simulado".
En el centro del cuadro, una humilde disposición de bits, que en el Metaverso se materializaba como una cueva de cristal con hilos de luz que simulaban paja, albergaba a la Sagrada Familia. El avatar de María, resplandeciente con un halo de píxeles dorados, sostenía al niño, cuyo brillo era tan intenso que iluminaba toda la escena simulada. Los avatares de pastores, representados con túnicas de código y bastones de fibra óptica, se arrodillaban mientras que sus interfaces faciales mostraban una mezcla de asombro y profundo sentimiento de amor, respeto y fervor religioso y espiritual.
Al llegar, los Tres Reyes de la Red se arrodillaron ante el avatar del niño. Sus gestos, codificados para transmitir reverencia, demostraban que incluso en el mundo digital, la fe y la devoción eran valores inmutables. El "Niño de Luz" no había venido a salvar a la humanidad de sus pecados, sino a recordarles que, incluso en un mundo virtual, los valores más profundos y humanos seguían siendo esenciales. Su nacimiento en el metaverso era un mensaje para todos los avatares: la esperanza, el amor y la fe no son solo datos, sino la esencia de lo que nos hace humanos, sin importar el universo en el que nos encontremos.
Desde ese momento el metaverso ya no sería el mismo. Habían encontrado al Avatar que no era sólo un personaje, sino el “Programador hecho usuario”, habitando entre sus creaciones para revelar que detrás de cada píxel... late una chispa sagrada».
Toda esta historia no es más que fruto de la febril mente de alguien que pertenece a la generación pleistocénica y se aprovecha modestamente los incipientes conocimientos de la Era Digital, de la Inteligencia Artificial y los mundos en los que se haya inmersos.
El mejor mundo de los posibles es aquel con el que sueñas. ¿?
Suerte y hasta luego.






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